El Buen Gusto

En búsqueda de un movimiento cultural de diseño en Querétaro surge Maldito Buen Gusto la primera
edición de un evento que pretende unir a las industrias creativas para lograr posicionar al barrio de la
Antigua Estación como la cuna creativa del estado.
El pasado sábado 13 y domingo 14 de mayo el ingenio creativo abrió las puertas a todo el público queretano
con la finalidad da a conocer su trabajo. Ellos, como diseñadores tienen un objetivo claro y una intención
firme; sin embargo nosotros como espectadores y consumidores de diseño ¿cuál es nuestro papel, qué nos
corresponde como público?
A diferencia del arte, el diseño debe de ser entendido de la misma manera por la audiencia (o similar),
puesto que la comprensión del espectador tiene menos interpretación en el mensaje a diferencia del arte,
donde la percepción de la obra u objeto suele variar dependiendo el espectador. No es que todos
reaccionemos de la misma manera ante los objetos de diseño sin embargo existe un lenguaje colectivo.
Los participantes de Maldito Buen Gusto son personas locales que buscan promover sus trabajos en este
tipo de ferias, no solo para que consuman sus obras/productos, también para darse a conocer ante las
personas, para que los visitantes sepan que existen, para que conozcan su trabajo y tengamos noción de lo
que otras personas ingenian y son capaces de hacer. He ahí la importancia de nosotros como
consumidores. Para nosotros puede ser más factible comprar objetos de diseño en comercios más grandes
como cadenas internacionales de ropa o artículos domésticos o incluso en tiendas de autoservicio por el
precio y la cercanía, porque “están a la mano”. Sin embargo los diseñadores locales tienen propuestas que
atienden a mercados mucho más tropicalizados, es decir nos entienden mucho mejor puesto que están a la
vanguardia y se adaptan a la cultura y estilo del mexicano contemporáneo.
Probablemente habite en nosotros la duda de ¿qué tanto vale la pena comprar objetos de aquellos
diseñadores? Empecemos con esta analogía: cuando visitamos a un doctor, éste nos cobra por la consulta,
tengas gripe o algo más complicado el doctor te cobra por la visita aunque únicamente te ponga el
termómetro y el estetoscopio, la remuneración económica representa los años de estudio e inversión a su
profesión.
De igual manera los diseñadores (entre muchos otros profesionistas) además de cobrar por el costo de los
materiales están cobrando la mano de obra y los años de práctica que les ha tomado perfeccionar esa
destreza. Llegue a escuchar varios comentarios referentes al precio o gestos de sorpresa disfrazada de
desconfianza, dudando del precio de los objetos, del material e incluso del mismo valor del objeto.
Nuestro papel como consumidores se basa en la apreciación del producto como objeto de un proceso
creativo y manual que llega a nuestras manos por atracción hacia el mensaje o necesidad de dicho
producto.
Debemos recordar que mucho del material que se vende en ese tipo de exposiciones son piezas únicas o
producidas en menudeo, por lo tanto aumenta el costo. Los productos vendidos en esta exposición son
obras que cuestan lo que valen, es decir que el precio va en relación a el costo real del producto, a los
materiales, a las horas que se estuvo cada diseñador bocetando para la construcción de su obra; horas en
confeccionar, llenarse las manos de cerámica o estar sentado frente a la computadora sumado al valor que
tiene su marca propia. Se puede decir que el costo de los productos es elevado, sí. Sin embargo podemos
tener la certeza que detrás de cada pieza hay gotas de sudor e infinita pasión por lo bien hecho, por algo
diferente.
Además de ser consumidores responsables con quién y cómo se producen las cosas, debemos ser
responsables con nuestra comunidad y entorno para apoyar a los artistas locales. Hay mucha gente con
talento y potencial, solo falta apoyarlos y valorar su trabajo y la mejor forma para de mostrar esto es
consumiendo sus productos.
Este tipo de exposiciones enriquecen a los ingenios dentro del campo de diseño y sus distintas ramas.
Estos eventos son un ejemplo de emprendimiento, una mezcla de cultura con modernismo que vale la pena
conocer no porque “este de moda” sino porque es parte de nuestro proceso social.

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